Saturday, May 12, 2007

Miedo a la oscuridad

Es triste saber que una mujer puede destruir casi cualquier cosa. Aun esquivando los tajos y estocadas, es imposible pasar la veintena sin algunas war casualties ; lugares, canciones, libros que, por asociaciones automaticas con la hetaira en cuestion, entran en el Codex de nuestra conducta sentimental.

El que escribe carece de tragos vedados; por alguna coincidencia o suerte (ese es el interrogante), ninguno quedo intimamente vinculado con el puñado de viejas novias y filos que cabe contar. Ninguna era particularmente adepta a lo etilico, pero sospecho que la causa no pasa por ese wing (mas agradable es intuir un hada de vuelo erratico que protege los martinis con su varita-revolvedor).

El miedo, sin embargo, siempre esta. Las opciones, como de costumbre, son el desden o el cuidado. Seguir bebiendo nuestros Manhattan con mujeres hermosas y arriesgarnos a perderlos. O sino abandonarlos (en compañia al menos) por tragos mediocres. Claro que, de alguna manera, la clase de mujeres que se acercarian a nos bebedores de Sex on the beach serian posiblemente de una vulgaridad a tono.

Algo parecido a la paradoja asoma su horrible cabeza.

4 comments:

Cachoi said...

Eche, me encanto esta reflexion, ya que no solo se aplica al plano de lo etilico.
Tan solo pensar los lugares de esta ciudad que han quedado marcados por alguna mujer y por donde uno ya prefiere no pasar.
Abrazos

Barna said...

Efectivamente, es un lugar comun. Vengo zafando con los tragos, pero temo que alguna suripanta aficionada al alcohol me robe alguno post-abandono...

Para cuando una nueva "reflexion al paso"?

Frestón said...

No se preocupe, Barna. Son pocas las aficionadas a las buenas bebidas. Las mujeres no tenemos mucho gusto para eso.

Barna said...

Como dije, una paradoja. Buscando a una bebedora de whiskyque va a terminar robandome algun trago cuando me abandone. Pero bueno, hay cosas peores.